|
|
Irazusta: un destino rural en Entre Ríos... Un apacible pueblo de campo en donde todos sus habitantes colaboran amablemente para agasajar a los turistas que los visitan. Una experiencia única. Imperdible!!!
La Fundación Responde http://responde.org.ar tiene como objetivo colaborar con pueblos que están en riesgo de desaparecer. Su tarea consiste en conocer esos pueblos, conocer sus problemas y tratar de acercarles ideas y/o proyectos que puedan hacer que el pueblo deje de perder a sus habitantes. En la página señalada mas arriba, encontrarán mucho mejor explicado todo y además podrán informarse en forma mucho más completa. El caso, es que una vez que tomamos conocimiento de la existencia de la fundación Responde, también me enteré que estaban desarrollando en un pueblo llamado Irazusta, en Entre Rios, un proyecto de turismo, que básicamente consistía en recibir visitantes, alojarlos en la casa de los pobladores, que almuercen y cenen en otras casas, que oficiaban de “restaurant” y que otros habitantes hicieran de guías en algunos paseos. El proyecto incluía darles a los pobladores asesoramiento e instrucción relativa al tema y al trato con los visitantes. Se trataba de generar una fuente genuina de ingresos y así hacer sustentable este proyecto. Entonces, con una gran curiosidad, decidí contactarme con la gente de Responde, quienes me derivaron directamente a uno de los pobladores de Irazusta, que oficiaba de coordinador. El Sr. Lito Botto, me atendió por teléfono, “me vendió” su producto. Era de mañana cuando salimos hacia Irazusta, Entre Ríos. Iban a ser 235 km. hasta Larroque y luego 15 km. de ripio por la ruta 51 hasta Irazusta. El tramo de Panamericana, Ruta 12, Puente Zarate - Brazo Largo, Ceibas, es siempre el camino previo e imprescindible, para cualquier viaje al litoral. Ese tramo me resulta muy familiar y conocido y me brinda seguridad, es como que estoy transitando por las calles de mi barrio. Después de Ceibas empieza la Ruta 14, y cuando llevaba hechos 200 km, paré en la estación de servicio Shell “Los Dados”. Aquí el trámite siempre es similar, combustible, baño, agua para el mate, preguntar por el camino, en fin, la rutina de siempre. Pero esta vez, en las respuestas que obtuve del empleado de Los Dados había un dato preocupante. En efecto, me contaban que como había lloviendo mucho en los últimos días, prestara mucha atención al tramo de ripio, entre Larroque e Irazusta. Había muchas posibilidades que no estuviera transitable. Puntualmente habría que chequear en Larroque. Salí de nuevo a la ruta 14, después de 4 km. se llega a la ruta 16, que une Gualeguaychu y Gualeguay, Por La ruta 16 hice unos 35 km. y llegué a Larroque, un pueblo que había cobrado un poco de fama por uno de sus hijos conocidos a nivel nacional: el empresario Yabrán. En la Entrada de Larroque, sobre la ruta 16, hay una estación de servicio YPF, paré, pregunté por el camino a Irazusta, y me contestaron en los dos sentidos posibles de mi pregunta, me dijeron que estaba transitable y cómo hacer para tomarlo. Se ingresa por la calle principal de Larroque, luego a la altura de un colegio o la Iglesia, se gira a la derecha, por unas cuadras, hasta encontrar una calle de asfalto paralela a la calle de ingreso al pueblo, se gira a la izquierda, por esta hay que circular dos o tres cuadras, y de allí a la derecha otra vez, sale la ruta 51, de ripio para Irazusta y Urdinarrain. Hice lo que me indicaron, y llegué a una esquina que no tenía aspecto de ruta o cruce importante, pero que según las indicaciones debía ser la esquina en la que iniciaba el tramo de ruta 51. Estaba dubitativo, entonces ví sobre la vereda, en esa misma esquina, un señor de unos 70 años, con una bolsita en la mano. Mi esposa bajó la ventanilla del auto y le consultó por el camino a Irazusta. El señor en lugar de contestar, repreguntó : ¿Van para Irazusta? a los que contestamos: Sí. Entonces ocurrió algo inesperado para mí, el Señor abrió la puerta trasera del auto, se sentó y nos dijo: “yo también voy para allá, así que yo los guío”. Don Martinez, así era su nombre, resultó ser un antiguo poblador de Irazusta, que en esa ocasión había venido a Larroque a hacer unas compras (mandados como el decía) y estaba en trámite de regreso a su casa. La forma de viajar para esta gente es así, no hay colectivos o servicio regular de nada, si uno no se paga un remís, tiene que esperar que alguien pase para el pueblo y por supuesto lo lleve. En honor a la verdad, el Sr. Martinez, fue el artífice de que lleguemos a Irazusta, porque a mí y a mi poca experiencia en conducción en ripio, nos parecía que el camino no estaba muy bueno, yo no hubiera avanzado en ese camino, a veces hasta inundado. Pero el baqueano que llevaba sentado en el asiento posterior, me daba indicaciones precisas de cómo sortear los obstáculos. Llegamos a Irazusta sin inconvenientes. Finalmente el camino parecía muy feo a primera impresión, pero debajo siempre estaba firme. Sólo alguna que otra vez el auto arrastró la parte de abajo por el huellón que se formaba, pero tratándose de ripio, no ofrecía mucha resistencia y no era dañino para el auto. Don Martínez, nos acompañó hasta la casa de Lito Botto. Allí se despidió no sin antes invitarnos a que pasemos por su casa, a tomar unos mates y a saludarlo. Un ratito después, ya tenía la certeza de que todos en ese pueblo eran tan amigables y atentos como mi baqueano. Lito Botto y la Sra, nos recibieron, nos hicieron una pequeña introducción del proyecto que estaba llevando adelante todo Irazusta, y que era la razón por la que estábamos allí. 
Según un cronograma, que indicaba el orden de atención de los visitantes, Lito nos dijo que a nosotros nos tocaba “parar” en lo de Doña María y Don Antonio. Seguidamente una señorita de unos 16 o 17 años, nos guió hasta la casa de nuestros anfitriones y nos brindó algunos comentarios sobre los paseos que podíamos hacer y del lugar donde podíamos ir a almorzar o cenar. También nos hizo la presentación en la Casa de Doña Maria y Don Antonio, después de lo cual, nos dejó en manos de ellos. 
Se retiró, diciéndonos que cualquier cosa que necesitáramos, no dudásemos en llamarla. Doña Maria y Don Antonio, eran dos personas mayores, antiguos colonos de esos pueblos, que hoy tienden a desaparecer, pero que han conocido mejores épocas. Como sus hijos han partido y cada uno ha seguido su destino, a ellos les quedó una casa grande, con unas piezas libres y por eso participaban de este proyecto. Nos asignaron una pieza muy grande, nos mostraron el baño, que era su baño. Nos mostraron su casa, que sería nuestra casa por unos días. Me impresionó muchísimo la apertura de esta gente. Decirlo debe ser fácil, pero hay que ir a los hechos, recibir en tu casa a personas extrañas, no debe ser fácil. La conversación con nuestros anfitriones se hizo interminable. Ellos tenían toda su vida para contarnos, y nosotros teníamos muchas ganas de escucharlos. Se dió una situación increíble, ellos eran de ascendencia Alemana, aún hablaban con cierto acento que delataba su origen, pero con los retazos de sus historias, uno podía armar una buena parte de la historia argentina. Sus manos son las que forjaron gran parte de lo que hoy es este país. Todavía no sé si este esfuerzo es reconocido suficientemente. Este pequeño pueblo, de 400 habitantes y ninguna calle con asfalto, con una estación desactivada, es para nosotros un remanso de tranquilidad y reflexión. Para almorzar y cenar, fuimos a la casa de la cocinera Élida, allí se podían comer exquisiteces. Lo particular de este “restaurant” es que estaba preparado en el comedor de la casa, donde había varias mesitas y que una vez que estaba servida la comida, la Sra. Élida, o su nuera, o su hijo, o todos al mismo tiempo, se sentaban cerca, y te acompañaban, te daban charla. Te contaban sus cosas, se interesaban por las tuyas. Es increíble el rol que asume la conversación en estos lugares. Las sobremesas eran agradables con charlas interesantes e interminables. Recorrimos en dos días, algunos lugares del pueblo, siempre a pie. No quisimos usar el auto, que dicho sea de paso, quedó estacionado en la vereda de la casa de Doña Maria y Don Antonio, y las puertas sin llave. Por las tardes, Doña María sacaba al frente de la casa 4 sillas, allí nos sentábamos los cuatro a matear y conversar. Lo escribo, pero no creo poder trasmitir la experiencia profundamente gratificante que estaba viviendo en ese momento. Don Antonio, había sido un músico y bailarín, de esas milongas que se hacían en los pueblos, nos contaba de cuando una fiesta de casamiento de alemanes duraba 2 o 3 días, de la belleza de aquellas costumbres, de la abundancia de comida, de la falta de problemas. Mientras nos contaba algo de esto, se levantó, nos pidió que lo acompañemos y nos llevó a un cuarto que tenía después de la casa, una especie de galponcito. Allí adentro desempolvó un clavicordio, un instrumento musical que él había construido. Nos explicó con qué materiales y el porque de cada material, una cosa muy valiosa, y llena de historia. Además allí mismo había una fortuna atesorada de cosas y recuerdos. Doña Maria, como si fuera nuestra madre, nos preparó unas galletitas, que eran su especialidad. Ud. que lee esto, ¿Se imagina que una persona que hace dos días ni sabía que existíamos, nos esté preparando algo especialmente para nosotros, sólo por el hecho de ser amables y agasajarnos? Eso no tiene precio y es muy difícil de agradecer. Quizás por eso, según nos contaron había un visitante , que cada año repetía su viaje a Irazusta. Era un Holandés, joven, que tenía altas responsabilidades en el Aeropuerto de Amsterdan, como controlador aéreo, y que había adoptado a Irazusta y su gente como su familia en Argentina. Irazusta y su gente, tenían un efecto reparador único. El Holandés conocía el mundo, y había elegido este pueblo para sus vacaciones. Pasaron de manera rapidísima los dos días. El proyecto de Responde me quedaba claro, se trataba de conocer la calidez de la gente del lugar, sus vidas, sus historias. El domingo por la mañana, había que emprender el regreso, desde el sábado a la tarde, que estábamos despidiéndonos de los vecinos del lugar. Era como despedirse de un familiar. Hasta daban ganas de llorar. Cualquier lugar, es un lugar para ir a conocer. Aunque de antemano no aparezca algo que te atraiga o que justifique el viaje, siempre habrá algo. 
|
|